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El terapeuta de shiatsu y su paciente: una relación sagrada

 

Cuando una persona acude al terapeuta de shiatsu generalmente es porque tiene un dolor físico que quiere solucionar. Normalmente, esa persona presenta algunos síntomas físicos: dolor, calambres, anquilosamiento, contracturas, etc. y también puede presentar síntomas y signos emocionales: desazón, ansiedad, malestar, incertidumbre, desconfianza… Cuando sentimos dolor, y sobre todo si ese dolor es continuado, nos alteramos emocionalmente e incluso nos ponemos de mal humor. Entonces acudimos a un especialista que nos ayude a encontrar una solución, básicamente que nos quite el dolor.

En el caso de las terapias naturales el terapeuta y el paciente tienen una responsabilidad compartida a la hora de solucionar el problema. El terapeuta observa detalladamente los síntomas, hace preguntas, hace su diagnóstico y propone soluciones: prepara un tratamiento y pautas a seguir. El paciente se responsabiliza de seguir esas pautas, que muchas veces son pautas generales (dieta alimenticia, ejercicio diario…) y otras son más concretas (aporte de minerales, flores de Bach, ejercicios de rehabilitación…). La implicación activa del paciente es muy importante: su mejoría depende en gran parte de su voluntad por llevar las riendas de su salud. Ha de saber que las pequeñas acciones cotidianas son las que configuran su salud a largo plazo; por ello es crucial la actitud proactiva del paciente desde el minuto cero.

Entre el terapeuta y el paciente se establece una relación muy particular. En un principio parece que cada uno está a un lado de la valla: el terapeuta a un lado y el enfermo al otro, uno habla y el otro escucha… pero en realidad no es así, la relación entre los dos es de mutuo aprendizaje, de mutuo entendimiento, con un único objetivo: procurar que el paciente se sienta mejor.

El hecho de que el terapeuta tenga unos conocimientos de medicina y haya estudiado unas técnicas terapéuticas determinadas no le sitúa por encima del paciente. El terapeuta puede ayudar; puede dirigir o modificar la acción del paciente, pero nunca sustituirla ni obviarla. Además, el terapeuta adecúa sus conocimientos a cada caso particular, para encontrar la mejor vía de solución en cada paciente, en cada momento determinado. Cada encuentro es único. El terapeuta da y recibe, igual que el paciente. Los dos aprenden cosas que antes no sabían, y lo hacen tanto de forma consciente como inconsciente.

 

Si, además, la terapia es manual, el vínculo que se crea, aunque sea por un corto espacio de tiempo, lo que dura una sesión, es muy fuerte. Es un vínculo mágico, mediante el cual ambos obtienen un beneficio, un aprendizaje. La energía sanadora va en dos direcciones: del terapeuta al paciente y del paciente al terapeuta. Es un camino de ida y vuelta, una relación de mutua influencia.

En el caso del shiatsu, el terapeuta escucha al paciente y después lo estira en camilla o en el suelo, sobre un futón. El shiatsu incide directamente en el cuerpo físico del paciente, para liberar a la persona del dolor que siente, pero también explora el cuerpo emocional, el mental y el energético, para equilibrar su estado de ánimo y su flujo energético.

La entrevista

Habitualmente, se empieza con una pequeña charla. La atención del terapeuta de shiatsu está completamente focalizada en el paciente, observando cada pequeño detalle, cada movimiento, explicación, comentario, gesto y demás signos que indican cuál es el estado del paciente, tanto físico, como anímico. Se trata de averiguar cómo está el paciente y cuáles son las causas que lo han llevado hasta su estado de salud actual. Es importante tener en cuenta los signos y síntomas físicos tanto como las reacciones emocionales, su carácter, ambiente familiar, clase de trabajo, aficiones, etc. Esta es la parte más racional de la sesión.

En camilla

Cuando el paciente se estira en la camilla cambia completamente su disposición. Está más abierto y distendido: su cerebro y su corazón se abren, se preparan para relajarse. El terapeuta se concentra y se focaliza en recibir información del cuerpo del paciente y de su energía. Cuanto más relajado y receptivo está el paciente, más rápido se establece el vínculo. Empieza la parte más intuitiva y sensitiva de la sesión.

La primera sesión de shiatsu (y de cualquier técnica manual) es un reto para el cerebro del paciente. Al inicio, está alerta, a la expectativa. A medida que el terapeuta empieza a presionar los puntos del cuerpo, el cerebro se va relajando, pues, con cada presión, éste puede comprobar cómo están las estructuras corporales, y qué hacer para mejorar su estado.

Cuando el paciente está relajado y tranquilo puede desarrollar su propia capacidad de autocuración, pues el sistema nervioso simpático está inhibido y entra en juego el parasimpático, y con él las funciones básicas del cuerpo: la regeneración celular, el crecimiento, la reparación de los tejidos, etc. El estado de alerta ha parado. La adrenalina ha dejado de fluir por la corriente sanguínea, y deja paso a la acetilcolina, y también la serotonina. El aumento de serotonina en los circuitos nerviosos y la sangre produce una sensación de bienestar, relajación, mayor autoestima y concentración.

En este estado de relajación, pero atención al mismo tiempo, el paciente está en condiciones de iniciar o retomar su curación, tanto desde un nivel cerebral (fisiológico), como desde un nivel emocional y/o mental.

Es en este momento de lucidez corporal y tranquilidad emocional cuando el shiatsu empieza a ser realmente efectivo.

 

 

 

Desarrollo de la sesión

El terapeuta de shiatsu está atento a la presión que ejerce con sus pulgares y cómo la ejerce. Sus dedos son como antenas que reciben y emiten señales precisas. Esas señales son físicas y energéticas. La información sobre el estado de las estructuras físicas del paciente (vasos sanguíneos, vasos linfáticos, nervios, músculos, articulaciones, tendones, ligamentos…) se recoge y se procesa en milésimas de segundo, a cada presión de pulgar, y se progresa en el tratamiento del paciente, adoptando decisiones in situ, con cada nueva pasada de los dedos.

El estado físico del paciente está íntimamente ligado a su estado emocional, mental y energético. Por ello, cuando ciertos puntos son dolorosos sabemos qué emoción es la que le afecta, si hay alteración mental y si existe desequilibrio energético. Con el shiatsu se pueden detectar las zonas “vacías” de energía y las zonas demasiado “llenas”, y de lo que se trata es de equilibrarlas.

El flujo de energía no para: va y viene siempre, por los meridianos de energía. Para el terapeuta la cuestión es poner la atención bien enfocada para poder captarlo y equilibrarlo. Si el terapeuta equilibra el flujo de energía se resuelven los problemas físicos, pero si resuelve primero los problemas físicos, acaba equilibrándose el flujo de energía. El shiatsu contribuye pues desde los dos ámbitos.

Conclusiones

Para mantener un buen estado de salud es necesario mantener un flujo energético equilibrado de forma sostenida. Al principio el paciente dirá: “pero eso resulta realmente quimérico”, pues existen tantos pequeños detalles que inciden en el día a día y que nos gastan o nos bloquean la energía, que es casi imposible saber qué va a influir y qué no...

Después, poco a poco, se dará cuenta de que lo más importante es la constancia y la voluntad para mantener unos hábitos saludables:

  • llevar una correcta alimentación (adecuada a nuestras necesidades, edad, peso, esfuerzo físico, etc.),
  • realizar ejercicio físico a diario (para mantener el cuerpo en buenas condiciones)
  • tener buenos pensamientos (no saturar la mente con pensamientos recurrentes)
  • estar en contacto con la Naturaleza (pasear por el bosque o por la playa)
  • basar las relaciones humanas en el respeto y la tolerancia…

 

y de cuando en cuando realizar una terapia manual que ayude a relajar el cuerpo y la mente!

Gracias